De una película de esta escala se espera generalmente salir con una sensación de gloria, porque queremos de una u otra manera ponernos en la situación del héroe que pasa del infierno al paraíso a través de sus proezas. Después de todo, desde la antigua Grecia hasta nuestros días perseguimos este ideal de dejar de ser un humano normal y destacar sobre el resto de alguna forma. El cine debería transportarnos, igual que la Tragedia, a esta experiencia de catarsis colectiva. 

“Batman v Superman”, dotada de toda la espectacularidad visual a la que nos tiene acostumbrados el cine actual, no alcanza a emocionar lo suficiente como para sentir identificación con sus héroes. La lucha entre uno y otro y sus motivaciones no alcanzan a desarrollarse lo suficiente como para que el espectador sublime sus emociones en las de los protagonistas.

Por un lado tenemos a un Superman semi-dios, rodeado de gloria y somos testigos de su caída en desgracia, pero su historia familiar y sus dudas existenciales parecen anecdóticas por el poco desarrollo que se les da. Por otro lado, tenemos a un Batman cansado y viejo, cargando culpas y dolores antiguos, nada nuevo en las historias del hombre de la noche. Pero nada nuevo que contar, cuando la lucha que da título a la película no desarrolla profundamente el conflicto.

En cuanto al apartado visual, como era de esperar, los efectos y la espectacularidad de las escenas de pelea no escatimaron en gastos ni esfuerzos, pero a diferencia de su rival directo, Marvel con la franquicia de Los Vengadores, la digitalización parece dominar la escena dejando de lado lo más importante que es el conflicto entre dos superhéroes confrontados a sus propios demonios. Tendremos que esperar para saber si con este inicio un poco débil tendremos una franquicia similar a la de Marvel.

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